miércoles, 10 de noviembre de 2010

A salvo

La sangre corría calle abajo, aún fresca. La lluvia y el viento azotaban aquella fría madrugada. No recuerdo por qué lo hicimos, todo comenzó como una broma, una estúpida apuesta entre imbéciles.
Se nos cruzó en el camino y se nos antojó frágil envuelta en aquellas telas. Caminaba con paso ágil y tímido, sin apenas levantar sus ojos del suelo, como si sus pies no pudieran encontrar el camino. Entonces pasó a mi lado, aún intento escaparme cada noche de aquellos ojos increíblemente negros y del olor a azahar que desprendía.
Supongo que el precio de la cordura estaba en los litros de alcohol que corrían en vena, el precio de nuestra conciencia aún está en demolición.
La molimos a palos para poder ver su sonrisa tras el velo, ahora ella se ha quedado con las nuestras.
Ni siquiera he podido quitarme la sangre de las manos 15 años después. Está impregnada bajo la piel, peor que una cicatriz, peor que el sabor de los besos.
El gentío lo adormecía..Lo había intentado pero no podía… La conciencia tenía más valor que la vida. Se pegó un tiro y se dejó morir. Sólo en esa fracción de segundo se sintió, al fin, humano. Estaba a salvo.

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